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miércoles, 29 de julio de 2015

MORIR PARA VIVIR

                                               
 MORIR PARA VIVIR.

Juan 12: 23-27.

Introducción: Vamos a ver: una semilla de trigo se compone de dos elementos: cáscara y semilla. Cuando es sembrada, para que germine y produzca fruto, la semilla tiene que morir, tiene que perder su cáscara. La comparación, el símbolo, está en que la cáscara es la carne y la semilla interna, es el espíritu. De no morir la carne, el espíritu no puede de ninguna manera producir fruto.

El mismo Señor nos habla de que si el no muere no puede dar esa gran cosecha que está planeada, que es necesario morir para cumplir con lo que el padre lo envió hacer.

La vida cristiana consta en morir, pero desafortunada-mente es lo que menos hacemos como hijos de Dios. Si queremos sacar todo lo que Dios puso dentro de nuestro espíritu debemos “MORIR”. El egoísmo es, en la vida espiritual, el gran obstáculo que evita la rotura del grano. Sin rotura, sin quebrantamiento no habrá fruto.

GALATAS 6:7 TODO LO QUE EL NOMBRE SEMBRARE ESO SEGARA.

Romanos 8:12 en adelante

¿Morir a qué? A todas las cascaras que están impidiendo que nuestro espíritu florezca.

Lo primero que el señor nos invita es a morir a la vida que llevamos. En otras palabras a dejar de hacer nuestra voluntad. Lo que él desea es que vivamos la vida como él quiere como él lo pensó para nosotros. Isaías 55:9

El deseo personal es uno de los mayores obstáculos para hacer la voluntad de Dios.

En segundo lugar, tenemos que morir a nuestro propio mapa. Nuestro mapa es la manera en que pensamos llegar a nuestras metas. ¿Sabes? Dios casi siempre trabaja de una forma sorpresiva. Lo que yo pensaba que iba a ser de mi vida no es lo que Dios ha hecho con ella. Sin embargo, su voluntad ha sido buena. ¿Estás dispuesto a dejar el mapa de tu vida en manos de Dios, y dejar que Él te guíe pasó a paso?  Aunque no lo entendamos, es lo que más nos conviene.

En tercer lugar, tenemos que morir a nuestros propios métodos. Quizás nos hemos propuesto algo bueno, pero pretendemos dictarle a Dios cómo lo vamos a realizar. Queremos hacerlo en la carne, en lugar de depender del Espíritu.
Esta es una gran tentación para los que servimos al Señor. Muchos empezamos dependiendo del Espíritu, pero en algún momento empezamos a depender más de los métodos. Pensamos que si encontramos el método perfecto, podemos ganar a cualquier persona para el Señor. Olvidamos que sólo el Espíritu Santo puede cambiar un corazón.
Dejamos de depender del Espíritu en nuestra enseñanza, y dependemos más de nuestro estudio, de nuestros ejemplos, de nuestros chistes. Si tú eres creyente, puedes tener la seguridad de que Dios también te ha llamado a trabajar en su viña. Ahora te pregunto: ¿Estás dispuesto a depender del Espíritu Santo, y no de tus propios métodos?

Conclusión: si seguimos sembrando en nuestra carne en nuestra voluntad no avanzaremos así donde Dios quiere que vayamos. Es un buen día para evaluar que estoy cosechando, y si esta cosecha es la que realmente Dios quiere.


Iglesia Cielo Nuevo y Tierra Nueva

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